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La erótica del fútbol

La comunicación alrededor del fútbol tiene una identidad especial, es barroca, confusa, salida de tono, creativa, pero también única. Una forma de vivir el fútbol cuando se toma la palabra.

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Pocos deportes han conseguido la brillantez de un lenguaje propio tan exclusivo como el que se aplica al fútbol. No son sólo los matices diferenciadores, sino una complicada y original jerga que marca cada una de las jugadas, que diferencia la vasta geografía del terreno de juego, con claros referentes eróticos; pero que también se constituye en un vehículo punitivo colectivo de primera mano, sobre todo para el árbitro, ‘ese señor de negro’, en el mejor de los casos.

Un vistazo a cualquier retransmisión televisiva de un partido de fútbol nos puede dar una idea bastante tópica de este lenguaje propio que confiere al aficionado una conexión casi intima con lo que se cuece en el terreno de juego. Íntima, y no es para menos. En el fútbol, acciones tan habituales como pasar al otro campo en un ataque se convierten en ‘una penetración del campo contrario’, ‘en una irrupción por la fuerza’ que puede acabar con otra penetración ‘la del marco contrario’ o sencillamente con un balón que pasa de largo, pero próximo a la portería ‘lamiendo la cepa del poste’, ‘besando el larguero’ o ‘acariciando las mallas’. La erótica del fútbol.

Fútbol femeninoEs curioso, que en un deporte practicado en su gran mayoría por hombres sólo se hable de tocar, besar o lamer objetos de indudable género femenino. Es la erótica del fútbol. Un repertorio bastante completo de objetos que llenan un complejo mundo de deseos, de los jugadores pero también de aficionados, en el que no faltan ni ‘las mallas’, ‘la red’, ‘la portería’, ‘la copa’, el premio.

Sin embargo, más que en la televisión es en la radio donde el lenguaje exclusivo del fútbol ha alcanzado sus más altas cotas de barroquismo. No es extraño, porque la ausencia de imagen obliga a suplir con el recurso de la palabra, si cabe, todavía más rico. De ahí a la creación de una realidad ‘especial’, llena de matices, hay sólo un paso. En esto los maestros del medio son los comentaristas deportivos sudamericanos que han acabado imponiendo su gusto entre la audiencia española. Si la parte erótica del lenguaje es importante, las florituras no acaban ahí, sólo empiezan.

árbitroÚnicamente hay que echar una ojeada para descubrir el filón. El portero, que es el único que en jugada puede coger el balón con las manos, atrapa tantos como sinónimos tiene la misma palabra. Para unos por su forma es un ‘esférico’, para otros, por su material, un ‘cuero’, pero para la mayoría no es más que una pelota o incluso una ‘bola’.

Para hacerlo, el portero, que es también ‘arquero’, ‘guardameta’, pero además ‘guardavallas’ en Sudamérica, no duda en ‘atajar’, ‘parar’, ‘detener’, ‘atrapar’, ‘blocar’, ‘despejar’ que vienen a significar poco más o menos que impedir el gol. Y como todo es aun así poco determinante, el color que sombrea la acción lo da un variopinto conjunto de frases hechas.

Así, el portero puede parar un balón, pero para hacerlo puede haber volado metafóricamente ‘de poste a poste’, ‘planeado sobre la línea de gol’ o simplemente actuando ‘imponiendo su ley’ en su territorio o en sus dominios, el área.

Área

Precisamente el área como cualquiera de los espacios imaginarios del terreno de juego -a veces una ‘cancha’, otras simplemente ‘el césped’- es acotada y defendible como lo es la garita del portero, para unos el ‘arco’, ‘la meta’ o simplemente la ‘portería’.

Estadio de fútbolEl área es el terreno específico de la defensa convertida en la ‘zaga’ y que da una cobertura al equipo. Ellos, los defensas, en teoría nunca más de cinco, suelen imponer como el portero su ley, evidentemente la del más fuerte.

Para ello, son, si lo requieren las circunstancias. ‘expeditivos’, ‘contundentes’. o se convierten en ‘intratables’, por lo que acaban, si tienen éxito en su empeño, ‘campando por sus respetos’.

Sin embargo, cuando, por ejemplo, esos respetos no aparecen, bien sea porque no dan ‘leña’ suficiente, o porque ‘no son ninguna pesadilla para los atacantes’, el área acaba siendo un ‘colador’, dejando ‘vendido’ a su compañero el portero, o como decía un comentarista deportivo ante los últimos fracasos del Madrid, ‘convirtiéndose en espectros’.

Geografía del terreno

Pero la geografía del terreno de juego es amplísima, sólo hay que recordar la elasticidad que parecen tener en la memoria los locutores para comprender cómo el medio campo tiene la virtud de ser ‘la zona ancha del campo’, el borde del área ‘un auténtico embudo’ o la banda ‘una pista de carreras apta únicamente para extremos veloces’.

tirar a puertaEs en esta zona medular donde a veces parece que se concentra y se dirige mejor el juego cuando entra en liza el mejor mejor jugador, ‘el que dirige el juego’, ‘el que empuña la batuta’, quien con un poco de suerte, acaba imponiendo al ‘equipo con mayor clase’.

El esquema de compartimentos estancos y de zonas de juego puede romperse y dislocarse en la organización mental del oyente sobre todo a raíz de los cambios producidos en las tácticas y en la organización del juego en las últimas generaciones.

Los extremos, los puntas, se las ven con los exteriores, los extremos, los volantes, pero también con los falsos extremos, los falsos delanteros y los mediapunta, en un recital de combinaciones bastante caprichosas.

Y, en el área contraria, donde hay que hacer gol, las cosas no son muy diferentes. Allí, se hace de todo. ‘Se bordan los goles’, cuando no ‘de bella factura’, ‘se trenzan jugadas’, hasta que se ‘cuela’ algún gol.

Y es que, a posteriori, y ésto nos lo remarcan los comentaristas, algunas jugadas llevan ‘el marchamo de gol’, ‘olían’ a gol, gracias al olfato de los jugadores prestos a la faena. Muchos de ellos han sido producto de jugadas, pero un porcentaje no cuantificable, lo son de acciones individuales, goles hechos ‘de volea’, ‘a la media vuelta’, ‘de chilena’, ‘de tijereta’, tal vez ‘después de gambetear una jugada de pizarra muy hilvanada’.

golpeo de fútbolOtros disparos parecen estar inspirados por leyes geométricas propias, como los ‘de parábola’. Éso sin hablar de los espacios de terreno de juego, que también se denomina el ‘rectángulo’, en el que se distinguen ‘el círculo central’, las dichosas ‘áreas’, campo de pruebas para las ‘triangulaciones’ y los efectos dados al balón en los ‘pases de tiralíneas’.

Un buen número de disparos a puerta, cuando no van ‘a la madera’, son lanzados ‘a las nubes’, ‘al respetable’, ‘al segundo anfiteatro’, si no ‘a la rue’. Pero, otros, los más fáciles, desde el punto de penalti tienen su malicia y controversia después de la ‘paradinha’ o cuando van ‘envenenados’.

Esa malicia también se encuentra en las simulaciones que dan lugar muchas veces a la ansiada ‘pena máxima’, en el ‘punto fatídico’. Son esas acciones en las que el atacante ‘se tira a la piscina’ que originan goles que pueden caer ‘como jarros de agua fría’ o convertirse en ‘acciones de juzgado de guardia’.

El principal inspirador de estas conductas ‘judiciales’ es precisamente ‘el juez del partido’, el árbitro. Él es el centro de todas las desdichas propias, cuya madre es mentada de mil formas a las primeras de cambio, el mismo que recibe el nombre de ‘colegiado’, o simplemente el de ‘señor de negro’ con con cierta sorna.

El árbitro es el que inspira ‘acciones salidas de tono’, aquellas ‘de juzgado de guardia’, el que no ve las ‘faltas de libro’, vilipendiado cuando no está encima de la jugada o acusado de estar demasiado cerca entorpeciendo o cortando el juego.

jugador de fútbolEl pobre hombre llega a estar ‘a punto de crear alteraciones de orden público’ en las que el graderío está siempre ‘a punto de venirse abajo’ o, las menos, a ‘pasar inadvertido sobre el terreno de juego’.

Es el árbitro. No se sabe muchas veces como es así, pero es el que media de forma decisiva para que un partido sea de esos ‘a cara de perro’, ‘de los que hacen afición’, ‘de los de guante blanco’, ‘de patio de colegio’, ‘malos de solemnidad’ o los que, por lo apretado del resultado, ‘no son aptos para cardíacos’. Por desgracia, los menos.

Deporte de armas tomar

El deporte del fútbol parece arrastrar un insistente tufillo bélico que se denota cada dos por tres en las múltiples facetas que abarca su práctica. Puede que sólo sea casualidad, pero no parece extraño creer que algo tenga que ver la consabida virilidad que se le supone al juego y a los que lo practican, como tampoco parece ajeno de que una discusión parece que sólo ha de resolverse en términos de contienda, en el que uno gana y el otro pierde, donde la victoria -en teoría- es lo único que importa.

Términos guerreros como ‘estrategia’, ‘ataque’, ‘defensa’, ‘repliegue’ o ‘contraataque’ son compatibles curiosamente con los de ‘juego limpio’ o ‘encuentro amistoso’. Y es que los partidos, a veces, se resuelven ‘a tiro limpio’, de balón. Entre ‘chupinazos’, ‘descargas’, ‘lluvia de metralla’, ‘disparos’ o ‘cañonazos’, donde no faltan, ni los que en la peor de las dificultades se quedan ‘con la pólvora mojada’.

Estos jugadores que ‘disparan’, se quedan con la ‘pólvora mojada’. Esos jugadores que disparan suelen ‘hacer diana’, o no, y es un hecho que todos los equipos tienen sus ‘artilleros’, confundidos los equipos muchas veces con ‘huestes’, con sus ‘vanguardias’, con sus ‘retaguardias’ y ‘alas’.

Algunos, los mejor preparados, o los que simplemente se defienden fuera de casa, a veces se entregan a una ‘defensa numantina’, los otros, los que presionan, ‘asedian’, ‘sitian, siempre ‘ajustando el punto de mira’ ante ‘el enemigo’. Que los partidos acaben fuera del estadio en una guerra, amigo mío, es otro cantar.

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About Sergio Suárez Benítez (154 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.

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