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Adicción al deporte y sus daños colaterales

La práctica deportiva es una actividad social muy normalizada en la vida de la gente en estos días. Y no es para menos. El deporte beneficia la salud, fomenta la autodisciplina y desarrolla el carácter y el trabajo en equipo. Los efectos fisiológicos y psicológicos positivos del deporte y los de un estilo de vida activo son bien conocidos por la ciencia.

Ahí están. Se producen mejoras en las condiciones cardiorrespiratorias y musculares, se reducen los riesgos de la osteoporosis, se atenúan las depresiones y la esperanza de vida aumenta. Visto ésto, parece que no hay espacio para ningún inconveniente.

Pero sí, si lo hay. Una de las consecuencias negativas menos conocidas es la adicción al deporte. Sí, suena extraño, paradójico, que una actividad que reconocemos como altamente beneficiosa pueda relacionarse con un término que vinculamos al consumo de drogas ilegales o al alcoholismo. Pero sí, hay una lógica en todo ésto. Muchos atletas -incluso los más modestos- experimentan un ‘subidón’ provocado por la liberación de las hormonas de la felicidad, la dopamina y la endorfina, que pueden alterar el estado de ánimo.

Estos efectos, como los que producen las drogas ilícitas y el alcohol, pueden crear hábito. Como en cualquier adicción, los ‘subidones’ son claves para engancharse, aunque es cierto que el desarrollo de una adicción depende también de muchos factores externos.

A pesar de esa realidad, la adicción al deporte no se tomada tan en serio por deportistas regulares. Se suele minusvalorar sus efectos considerando (literalmente) que «hay cosas peores a las que ser adicto». Sin embargo, ser adicto al deporte no es una metáfora del lenguaje y, como las de las drogas ilícitas, puede resultar muy dañina a la larga para las personas que la sufren.

Los adictos al deporte comparten muchos síntomas con otros adictos. Por ejemplo, la adicción al deporte enferma al organismo. Y es así porque no se le da la oportunidad al cuerpo de recuperarse del ejercicio. Debido a la intensidad, a la duración y a la frecuencia de los ejercicios y de las sesiones de entrenamiento.

En un nivel nocivo, la práctica deportiva pasa a convertirse en una obsesión. Tanto que esas personas no se toman tiempo suficiente para recuperarse, por ejemplo, de las lesiones. La incidencia de ataques cardíacos y de osteoporosis aumenta con altos niveles de esfuerzo, por lo que los adictos al deporte pueden correr un grave riesgo de sufrir daños físicos irreversibles.

Adicción al deporte consecuencias

Pero no hay más. No se trata sólo de daño físico: los adictos al deporte también sufren daños psicológicos. Se vuelven dependientes del entrenamiento para sentirse bien y la vida fuera del entrenamiento, en ese nivel. se vuelve aburrida para ellos.

También pueden desarrollar tolerancia a la euforia, por lo que necesitan más y más ejercicio para obtener el mismo resultado. Cuando no hacen ejercicio, experimentan efectos como los asociados a la abstinencia, a la depresión y a la ansiedad.

La adicción al deporte también tiene efectos sociales negativos: los adictos cancelan las reuniones porque prefieren entrenar a los amigos, la familia y el trabajo, o no están mentalmente presentes cuando están con otras personas, tan preocupados están por prepararse mentalmente para la próxima sesión de entrenamiento.

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La complejidad de la adicción al deporte radica en el hecho de que una cantidad razonable de ejercicio y deporte es bueno, pero demasiado puede resultar muy dañino. Sin embargo, a pesar de las investigaciones, estos efectos nocivos aún no se comprenden ni se reconocen sus alcances en la actualidad debido a que la percepción social de la adicción al deporte varía significativamente de otros tipos de adicción.

Pero, ¿es así de simple? ¿La adicción al deporte es siempre algo de lo que avergonzarse, algo que hay que tratar o que hay que superar?

En algunos aspectos de la actividad deportiva, se suelen tolerar daños significativos en aras de alcanzar buenos resultados. Y hasta se podría decir que los daños ocasionados por el deporte son el precio que hay que pagar por un tipo de excelencia muy apreciada socialmente.

Muchos bailarines de ballet acaban con los pies destrozados, por ejemplo; también hay músicos que terminan sus carreras con lesiones por la práctica excesiva o por las repeticiones al límite en las interpretaciones.

Del mismo modo, muchos boxeadores profesionales sufren daños cerebrales a causa de los combates, y los atletas, futbolistas y jugadores de rugby suelen sufrir lesiones graves durante el entrenamiento deportivo de alto nivel.

Vigorexia

La vigorexia sería un caso extremo de los daños paralelos de la práctica nociva por llevar la actividad física y deportiva a otro nivel. Se trata de una manía muy enfermiza que lleva a quien la padece a percibir como permanentemente insuficientes desarrollos musculares.

Pero estas son personas muy talentosas capaces de hacer cosas hermosas, emocionantes y, a veces, muy peligrosas, que la gente común nunca podrá hacer. ¿Son todos adictos? Probablemente no.

Sin embargo, muchos de ellos trazan una delgada línea entre la devoción y la adicción, e ilustran cómo la devoción obsesiva, más allá de los niveles ordinarios, tiene el doble potencial tanto de grandes logros como de dejar secuelas físicas significativas. Si valoramos el logro, quizás tengamos que aceptar que habrá algún daño colateral en el camino.

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«El deporte deja de serlo cuando los límites dejan de ser medibles».

Sergio Suárez, Deporte Canario TV.

About Sergio Suárez Benítez (399 Articles)
Periodista, curioso empedernido, interesado con intereses que alimentan el espíritu y un enamorado de las Islas Canarias, mi hogar y el lugar de mis mejores sueños.

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